Un chico salió a cazar Pokémon. 3 horas después, sus padres no podían creer lo que llevaba a casa

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¿Alguna vez te ha pasado que, gracias a un juego, terminas viviendo una aventura real? Pues al chico de esta historia, sí.

El verano pasado, las temperaturas en Portalegre, Portugal, llegaron a alcanzar los 43 grados, y la sola idea de estar en un lugar sin aire acondicionado te derretía las neuronas. Pero eso no impidió que Joel Almeida saliera a la calle a jugar a Pokémon Go.

Con lo que él no contaba es que, en vez de encontrar un Pokémon, terminaría encontrando algo mucho más… real.

Mientras caminaba por las calles en busca del siguiente Pikachu bajo el sol abrasador, oyó una especie de ruido que no consiguió identificar. Parecía un pájaro, pero eso era imposible con ese calor. Haciendo un poco de oído, se dio cuenta de que era un llanto.

Alguien, o algo, reclamaban ayuda. Al darse cuenta de que el ruido procedía de detrás de un poste de electricidad, se acercó a echar un vistazo. Lo que vio entonces le heló la sangre.

Atrapado en un hueco minúsculo, maullaba lánguidamente un pequeño gatito. Tenía la cabeza atascada en el poste de la electricidad. La pregunta parecía ser obvia: ¿cómo diantres había conseguido meterse ahí? Parecía que llevaba mucho tiempo atrapado.

Pero Joel tenía una cosa clara: fuera como fuese, no iba a permitir que el gatito se quedara ahí, condenado a una muerte segura en esas condiciones. Así que, sin pensarlo dos veces, llamó a los bomberos.

Tras varias horas de arduo trabajo, intentando rescatar al gatito de todas las formas posibles, y con la ayuda de la policía, finalmente consiguieron liberarlo de su cautiverio después de 3 largas horas.

A esas alturas, Joel ya se había encariñado del pequeño animalito, así que decidió llevarlo a su casa para curarlo y darle mimos. Con la ayuda de sus padres, lavaron al gatito y le curaron las heridas. Además, le quitaron todas las pulgas que tenía en su pequeño cuerpecito.

El pobre animal no era precisamente bello (de hecho, parecía más bien una especie de rata), y no dejaba que nadie se le acercase. Pero Joel no se dio por vencido y decidió quedarse con el gatito.

Al poco tiempo, “Spock”, como llamaron al gatito, se acostumbró a la presencia de las otras mascotas de la casa y comenzó a sentirse como uno más. Aun así, todavía era arisco con cualquiera que se le acercara. Pero cuatro meses después, todo cambió…

¿Me creerías si te digo que este es Spock, el mismo gato que 4 meses antes parecía una ratilla? ¡Pues mira bien! Ahora es un bello gato de pelaje anaranjado, ¡y es enorme! Quién le ha visto y quién le ve… y lo mejor de todo es que ahora ya sí se deja acariciar por su querido dueño.

Si le hubieran dicho a Joel que gracias a Pokémon Go salvaría la vida de este gatito, seguro que no se lo hubiera creído… Este es el comienzo de una bonita historia de amistad.

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