Viajaron por el mundo pidiendo tener un hijo en cada iglesia que veían. Cuando vieron la ecografía, pegaron un grito

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Steve y Greisse eran una pareja de colombianos completamente enamorados. Cuando se fueron a vivir a Vancouver, Canadá, por el trabajo de Steve, se casaron en una hermosa boda. Al poco tiempo tuvieron una revelación:

Estaban listos para tener un bebé. Sin embargo, no sabían que este deseo los llevaría por una montaña rusa de emociones que acabarían con una increíble historia.

A pesar de los múltiples intentos, todos los test de embarazo que Greisse se hacía salían negativos. Preocupados, fueron al doctor para ver si alguno de ellos tenía problemas para concebir, pero el doctor los calmó diciéndoles que ambos estaban sanos y que no debería haber problemas. Sin embargo, siguieron intentándolo y nada pasaba.

La angustia y la decepción empezó a adueñarse de ellos. El estrés se hizo también parte de su vida cotidiana y comenzaron a discutir más. Todo estaba un poco oscuro, así que decidieron cambiar de aires e irse a un viaje por Europa.

Necesitaban descansar de la presión y de la pena de no poder tener un hijo, y les pareció que este viaje podría ayudarlos.

“El viaje fue un sueño: visitamos París, Roma, y tomamos un crucero por Croacia, Turquía y Grecia. Ahí conocimos personas maravillosas con las que aún mantenemos contacto. Disfrutamos, reímos, conocimos, paseamos, y nos volvimos a unir y encantar, como el primer día”, cuenta Greisse.

La relación parecía ir nuevamente viento en popa. Pero no se olvidaban de su gran deseo: tener un hijo.

Como ambos son muy creyentes, decidieron que, en cada iglesia que visitaran, prenderían una vela para pedir que Greisse quedara embarazada. Rezaban con gran pasión para poder ser padres. Cuando llegaron a Turquía, visitaron la Casa de la Virgen María en Éfeso y todo fue muy potente:

Greisse, que cree muchísimo en la virgen María, se sintió totalmente embargada por emociones. Rompió en llanto y prendió, como de costumbre, una velita para pedir por su embarazo. También hizo la promesa de que, si lograba quedar embarazada, le pondría de nombre Gabriel, si era hombre o Gabrielle, si era mujer, en honor al Arcángel Gabriel.

Greisse y Steven estaban de viaje, pero eso no significa que no hubiesen seguido intentando. El día siguiente de visitar la Casa de la Virgen María era el último en que podían intentar quedar embarazados, ya que era época de ovulación.

“Estuvimos solo esa noche juntos, una sola noche… Luego llegaron mis papás de visita desde Colombia y tuvimos otras cosas que hacer y preocupaciones. Pero, esa única noche, tuve el sueño más extraño…”.

Greisse soñó con un hombre barbudo que le decía que tendría un hijo llamado Emmanuel. Confundida, al día siguiente buscó el significado y descubrió entre lágrimas que era “enviado de Dios”.

Como de película, al mes siguiente no le llegó la regla, así que se hizo un test de embarazo. ¿El resultado? Negativo de nuevo.

¿Es que acaso el sueño y todos sus ruegos habían sido en vano? Pero Greisse se sentía mal físicamente, como enferma. El estómago no aguantaba la comida y creía estar enferma del colon. Un día en que se despertó demasiado temprano, decidió hacerse porque sí una prueba más.

Pero cuando vio el resultado, ahogó un grito: ¡era positivo! No podía creerlo. Su sueño al fin se cumplía y podrían tener un pequeño hijito, la pareja no daba más de felicidad.

Los meses pasaron y el embarazo de Greisse evolucionó sin complicaciones. Actualmente, Gabriel ya nació, y acompaña a sus padres en sus vidas.

Costó mucho, pero al final lo que ellos deseaban llegó. La perseverancia siempre es la clave de todo, y claramente ellos no descansaron hasta lograr sus objetivos. ¡Qué gran ejemplo!

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